Algo imposible.

Mientras cae veneno de las góndolas
y mcdonalds sigue llenando sus productos
con mierda y ratas muertas,
una pareja se abraza
en una de las mesitas del fondo:
él tiene la cabeza 
entre el pecho 
y el cuello de la mujer,
lloran con los párpados apretados y
ella aferra la cabeza del hombre 
como pocas cosas pueden aferrarse en este mundo
los dos parecen tristes, pero salvados

Ni el trabajo ni el café plástico ni la calle
ni los colectivos llenos ni el suéter
comprado en once a treinta y cinco pesos que
tanto costó ganar
pueden perturbar esa calma

El café se enfría
y el hombre se levanta para ir a buscar más.
Ella mira la calle y sus ojos
buscan algo imposible, 
más allá de la estación de servicio, 
más allá del verde que sigue 
hasta el final de la panamericana
más allá de un cielo donde corren nubes
mientras amanece en la autopista
más allá de la caricia del hombre
que ahora llega y le ruega
que tomen otro café. 

Mi muerto punk

Fuimos adolescentes enojados
sin self- esteem, ni luz at the end of the road,
criaturitas enfermas
de violencia cretina
abandonados, enardecidos de un poder insólito

la vida la muerte los temas gritando
bajito a todo volumen a través
de los auriculares Sony 
de un walkman amarillo y negro

Todas las cornisas juntas 
bajo la suela gastada,
el kiosco del colegio,
los dibujos sin terminar,
el último pucho en la madrugada,
y detrás de las postales
una única certeza: la de saber
que aquél fue nuestro punto máximo,
el resto 
serán esquirlas, atropellos de una supervivencia tranquila,
la década perdida que vendrá,
porque los punks han muerto,
ya lo dijo Fogwill, y Quique ha muerto con nosotros, post-punks, 
pero fue el primero que vio el camino
como un gran destino de niebla:
Fog will 
atravesando su camino nublado
y a su lado,
una muchacha punk lo guía,
una mano fuma y la otra
arrastra al viejo punk,
nuestro padre muerto,
mi muerto punk.



Las malas elecciones


Tengo todo lo que hace falta para
armar con tus manos
una trama perfecta y estirar los dedos
como una guirnalda

mi terraza al atardecer
o un cielo frío, como una estación

Lejos, en alguna de las fotos mentales
que guardamos
está intacta la tenaz sensación de saber
que es verdad
que hay un tiempo que no se conjuga
con el tiempo lineal y se abre, en cambio,
en medio de un corte
transversal

¿viste cómo es?
¿alguna vez viste cómo es
dejar todo para el final,
dejar todo
para cuando ya
es demasiado tarde
para pensarte de otro modo
que no sea este, en mi terraza,
o esperando en alguna estación nocturna?

Estamos solos
y en soledad, acechan,
hechos polvo,
los recuerdos que no tuvimos...

Las malas elecciones que toman
los que jamás toman elecciones.

Las chicas del Conurbano.


Las chicas del Conurbano
trabajan en bares
y muestran
sus pieles en verano
sin pudores sombríos
ni quejas imbéciles.
Las chicas del conurbano
tienen la mirada dura:
pueden derribar
todos los adoquines del barrio
con esa mirada de muro
y su boca exquisita...
Se deshacen del pucho
como se deshacen de su último hombre,
se levantan el modal de las calzas
acariciándose las caderas,
y vuelven al yugo
donde todos las miran atónitos,
pero nadie se anima a hablarles...
Las chicas del Conurbano
no se andan con chiquitas,
y no dudan en ponerte entre la espada y la pared:
si sos cheto,
-o medio nabo
tenés todas las de perder.
Amo
y envidio un poco
a las chicas del Conurbano,
por su condición
emblemática, distante,
hermosas, inalcanzables, guerreras
chicas del Conurbano.

Más que objetos que desaparecen en el aire

foto de: rackyross.flickr: http://www.flickr.com/photos/25125125@N00/3432097299/

Estoy cansada y quiero un café, algo que me saque del frío.
Empiezo un cuaderno escribiendo este poema 
y pienso 
que ya no importa el tamaño de las cosas,
si se miran amablemente.

Un auto dobla la esquina y
por la ventanilla vuela 
la mano sola de un niño
que no puede acariciar más que objetos
que desaparecen en el aire.

Bombuchas.

Trepo el tiempo
como una tarántula...
la casa, el barro...
tantas cosas detrás.
Las hamacas, los postes de luz
el sauce cortado
el ruido a bombuchas
la palabra c a r n a v a l...
Miro por fracciones
algunas fotos
idealizando muertos.
Lo que no está se vuelve sublime,
y lo que está,
                    se pudre.

instantánea

No lo saben, pero en poco tiempo los dibujitos animados que miran serán objetos de culto, fetiches de otakus de ropa negra y almidonada, extrañas joyas en los paraísos de animé. Sin apagar la televisión corren al jardín, el mosquitero guillotina el marco con un ruido sordo pero no les importa esa muerte, se cuelgan de la hamaca, a veces enfrentados, otras parados en el medio de las dos sillas, sostenidos por una viga que cruje como un barco a la deriva.
Pronto, el almuerzo dará inicio a otra cosa,
la voz en off de los adultos que grita una sola vez:
A comer. 
Luego, elegir siempre el limón
las rodillas raspadas 
arrancar la cascarita, llevarla a la boca dejando 
una aureola rosa alrededor del agujero rojo,
la sangre que brota 
como una fuente tranquila
Los terrenos baldíos
los sauces que 
se hacen cada vez más pequeños en 
el parabrisas trasero del auto, a medida que aumenta 
la velocidad
De fondo, siempre Barry o Stevie o chamamé, 
asado y la cuadra blanca, el humo 
de todas las parrillas sincronizando su fuego.
La despedida llega al atardecer, con el amontonamiento de besos y los primos corriendo atrás del Peugeot 
hasta quedarse quietos 
en una instantánea que sigue atravesando
los ejes del tiempo,
de pronto, alejándose quietos 
los veo desaparecer 
tres puntitos rojos y negros y grises
en la calle de tierra.